En un tramo natural del cauce, restauramos 9.54 hectáreas del Río Tijuana y preparamos un humedal piloto para filtrar contaminantes y mejorar la calidad del agua que cruza la ciudad
En Pronatura Noroeste nos preparamos para dar un nuevo paso en la restauración del Río Tijuana: la implementación de un humedal piloto que ayude a mejorar la calidad del agua que atraviesa la ciudad antes de llegar a la costa del Pacífico.
Este sistema natural forma parte de los trabajos de restauración ecológica que realizamos en 9.54 hectáreas del cauce, un espacio donde buscamos recuperar procesos ecológicos y devolver vida a uno de los ríos urbanos más impactados del país.
“Este año esperamos empezar con el saneamiento en una parte del río. Lo que queremos hacer es un humedal piloto como solución basada en la naturaleza para poder mejorar un poco la calidad del agua y en su momento replicarlo en varias partes del río”, explica Liliana Esparza García, líder del Sitio Río Tijuana.
Un humedal para filtrar la contaminación
Los humedales funcionan como filtros naturales. La vegetación y los microorganismos capturan sedimentos, nutrientes y contaminantes, permitiendo que el agua se depure gradualmente.
El proyecto de restauración comenzó a gestarse en 2012 y se consolidó en 2014, cuando obtuvimos la concesión federal del sitio. Tras una pausa durante la pandemia, los trabajos se retomaron en 2021 y desde entonces no se han detenido.
“Lo que se está haciendo es la restauración ecológica de una concesión de Pronatura que fue otorgada por Conagua en 2014. Son 9.54 hectáreas las que se están rehabilitando”, detalla Esparza.
Restaurar el río en medio de la contaminación urbana
El desafío es enorme, ya que aproximadamente 10 kilómetros del Río Tijuana están canalizados al cruzar la ciudad y reciben basura y descargas irregulares de aguas residuales. Toda esa contaminación fluye río abajo y termina desembocando en Imperial Beach, California.
“Gran parte del río recibe basura y descargas de aguas residuales irregulares; todo ese compendio de contaminación termina desembocando en Imperial Beach”, señala.
A pesar de este contexto, la restauración empieza a dar señales de recuperación. En el sitio trabajamos con reforestación de especies nativas, retiro constante de residuos y control de vegetación invasora.
Con el tiempo, la vegetación ha comenzado a formar un pequeño bosque urbano que favorece la infiltración del agua hacia el acuífero y crea refugio para aves y otras especies de fauna.
“Los árboles y las plantas que hemos plantado han beneficiado mucho en la recuperación de la infiltración del agua al acuífero. Ya se puede decir que es un tipo de bosque urbano”, explica Esparza.
Además de los beneficios ecológicos, el proyecto también involucra a la comunidad. Dos vecinos del área, Eloy y Ramiro, participan en el mantenimiento del sitio con trabajos de recolección de basura, regado de árboles, eliminación de especies invasoras y vigilancia del área.
Mientras la restauración avanza, el humedal piloto puede ser una pieza clave para el futuro del río. Si funciona como se espera, esta solución basada en la naturaleza podría replicarse en otros tramos del cauce y contribuir a mejorar gradualmente la calidad del agua que cruza la ciudad.