Seguimos el viaje del zarapito trinador para descubrir los sitios que necesita para sobrevivir

Una concentración de al menos 500 zarapitos en campos agrícolas de San Quintín abrió nuevas preguntas sobre la importancia de este sitio para una especie capaz de migrar miles de kilómetros por el continente.

Todo comenzó con dos puntos moviéndose sobre un mapa. Eran zarapitos trinadores (Numenius hudsonicus) equipados con transmisores satelitales en Chile que habían emprendido su migración hacia el norte siguiendo la costa del Pacífico. Cuando las aves llegaron a Baja California, una de ellas voló hasta un lugar inesperado: los campos agrícolas de San Quintín.

Juan Navedo, investigador de aves playeras en Chile, alertó a Julián García Walther, coordinador del Laboratorio de Aves de Pronatura Noroeste, de que las aves estaban cerca. Julián salió a buscarlas pensando que encontraría uno o dos individuos. Al pedir permiso para visitar algunos campos de cultivo, descubrió algo muy distinto.

“Cuál va siendo mi sorpresa, que no había un solo zarapito, había más de 100 zarapitos y estaban en los campos de fresas, parecía que los habían plantado”, recuerda.

El conteo siguió aumentando: 300, 400 y finalmente alrededor de 500 individuos. Una concentración así planteó una pregunta inmediata: ¿qué es lo que atrae a los campos de cultivo de San Quintín a los zarapitos trinadores?

Responder esa pregunta es el punto de partida de un nuevo proyecto de Pronatura Noroeste. Queremos descubrir qué comen los zarapitos trinadores en los campos de San Quintín y por qué tantos eligen este lugar. Pero las respuestas no están solo en las aves: también están en la experiencia de quienes trabajan la tierra.

Juntos, podremos comprender mejor cómo utilizan las aves este paisaje e identificar prácticas que favorezcan su conservación, buscando el reconocimiento de la región por prácticas compatibles con la biodiversidad.

Una escala en un viaje continental

El zarapito trinador forma parte de las aves playeras que realizan algunas de las migraciones más sorprendentes del continente. Algunos individuos pasan la temporada no reproductiva en México y otros llegan hasta el Sur de Chile. Después emprenden el viaje hacia el Ártico para reproducirse.

Los zarapitos rastreados desde Chile viajaron hasta Alaska pasando por México. Esa información plantea la posibilidad de que San Quintín funcione, al menos durante determinados momentos de la migración, como un punto de encuentro entre aves procedentes del sur y otras que permanecieron durante el invierno en México.

“Lo que vimos en la primavera este año seguramente fue la convergencia de estos dos grandes grupos de aves pasan el invierno en México y aquellos que ya están migrando desde Sudamérica”, explicó Julián. Determinar si San Quintín es relevante durante todo el año, en invierno o especialmente durante la migración será parte de las preguntas que buscaremos responder.

Conocer estos sitios es importante porque migrar implica mucho más que volar miles de kilómetros. Las aves necesitan encontrar lugares donde alimentarse y recuperar energía a lo largo del camino. Además, los cambios en el paisaje a lo largo de la ruta migratoria, y unas condiciones climáticas cada vez menos predecibles pueden modificar los recursos disponibles durante sus recorridos.

Seguir su ruta sobre dos ruedas

La historia tendrá ahora nuevos viajeros. Los científicos y expedicionarios Timm Döbert y Leanna Carriere recorren en bicicleta la ruta de zarapitos rastreados mediante transmisores satelitales como parte de Wings of Survival, una expedición desde Alaska hasta Tierra del Fuego que busca acercar al público a la extraordinaria resistencia de las aves migratorias así como los retos y peligros que enfrentan.

Durante su paso por Baja California harán escala en Ensenada y San Quintín. Su llegada permitirá abrir una conversación con las comunidades sobre estas aves y sobre la necesidad de conservar los sitios que utilizan a lo largo de sus viajes.

En San Quintín, ese diálogo acompañará el inicio de nuestra investigación con el sector agrícola. A partir de información ecológica confiable, buscaremos construir conjuntamente propuestas de conservación que consideren también las necesidades de la producción agrícola. 

“Es un primer paso para integrar el conocimiento científico y el conocimiento local, y comprender mejor la importancia del zarapito trinador y su relación con el paisaje agrícola de San Quintín ”, señaló Julián.

Seguir al zarapito trinador nos recuerda que ninguna especie migratoria puede conservarse protegiendo un solo lugar. Su supervivencia depende de una cadena de sitios separados por miles de kilómetros, donde pueda encontrar las condiciones necesarias para continuar su viaje.

Hoy, San Quintín nos plantea nuevas preguntas y también una oportunidad: conocer mejor a estas aves, comprender cómo utilizan este paisaje y sumar a quienes comparten el territorio con ellas.

Conservar al zarapito trinador comienza por reconocer que cada sitio de su ruta cuenta. Conocerlo, proteger los lugares que necesita y compartir su historia también está en nuestras manos.

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