En Baja California Sur fortalecemos las capacidades de autoridades y comunidades para mejorar la vigilancia y contribuir al cumplimiento de las reglas que resguardan Bahía de Loreto, Espíritu Santo y Cabo Pulmo.
Proteger un parque nacional requiere mucho más que delimitarlo en un mapa. Implica conocer lo qué ocurre en su territorio, contar con herramientas para identificar posibles actividades irregulares y, sobre todo, fortalecer las capacidades de las personas e instituciones que trabajan todos los días para conservarlo.
Desde 2014 y en colaboración con autoridades, en Pronatura Noroeste impulsamos acciones para fortalecer la vigilancia y el cumplimiento de la normatividad ambiental y pesquera en áreas marinas protegidas de Baja California Sur, entre ellas los parques nacionales Bahía de Loreto, zona marina Archipiélago de Espíritu Santo y Cabo Pulmo.
Cada uno presenta condiciones distintas. En Cabo Pulmo, por ejemplo, no está permitida la pesca comercial ni deportiva, mientras que Bahía de Loreto y Espíritu Santo cuentan con zonas específicas donde la pesca está restringida y otras donde puede realizarse conforme a las reglas establecidas.
Ante esta diversidad de contextos, trabajamos con un enfoque que combina tecnología, capacitación, participación comunitaria y colaboración entre autoridades. La tecnología permite identificar posibles irregularidades, pero son las personas quienes interpretan la información, conocen el territorio y toman decisiones para protegerlo.
Entre nuestras principales herramientas están Marine Monitor (M2) y Marine Monitor Mobile (M3), un sistema que integra radar, cámara y equipos de cómputo para observar en tiempo real y de manera continua las trayectorias de navegación. A partir de parámetros como la ubicación, el horario y la velocidad de una embarcación, la plataforma permite generar alertas sobre actividades potencialmente irregulares.
Actualmente, estos sistemas operan en Bahía de Loreto y Espíritu Santo, explicó Alejandro Torres Mendía, Asistente Regional de Proyectos de Inspección y Vigilancia.
“Con estas herramientas el usuario es capaz de detectar la actividad potencialmente irregular con base al tiempo, hora, sitio y velocidad en la que se desplazan las embarcaciones, a la vez que se apoyan en la imagen provista por la cámara de vigilancia para constatar el objetivo, el hecho y tomar decisiones para su atención inmediata o programada”, indicó.
Datos que permiten tomar mejores decisiones
La tecnología es solo una parte del proceso. En Pronatura Noroeste también impulsamos el uso de bitácoras electrónicas para registrar los recorridos terrestres y marinos realizados por guardaparques y grupos comunitarios de vigilancia.
Digitalizar y sistematizar esta información permite identificar en qué lugares y horarios se presentan posibles irregularidades y orientar los recorridos hacia los puntos que requieren mayor atención, subrayó Torres Mendía.
“Es complejo llenar de radares cada sitio prioritario, por ello complementamos esta infraestructura con el desarrollo e implementación de bitácoras electrónicas, las cuales se nutren de los datos provistos por los vigilantes y guardaparques, a la hora de analizarlos mostramos evidencia de qué sitios, horarios, hallazgos o actividades se observan, para que ellos focalicen su esfuerzo, haciéndolo más eficaz”, recalcó.
Pero los datos adquieren un valor especial cuando se combinan con el conocimiento de quienes habitan y trabajan en el territorio.
Por ello, en los últimos años hemos fortalecido la participación de comunidades ubicadas dentro o alrededor de estas áreas, así como de grupos de vigilancia comunitaria que trabajan en otros sitios prioritarios, incluidos refugios pesqueros.
“Colaboramos con comunidades que han impulsado y establecido estos esquemas de conservación y manejo, fortaleciendo sus capacidades de generación y análisis de información. Acompañamos a las comunidades y cooperativas en la interpretación de los datos obtenidos, con el propósito de que puedan utilizarlos como una herramienta para la toma de decisiones y la atención de temas prioritarios, particularmente aquellos relacionados con la vigilancia, el cumplimiento y el manejo de sus recursos pesqueros”, dijo.
Nuestro acompañamiento comienza con un diagnóstico para reconocer las capacidades, necesidades y áreas de oportunidad de cada sitio. A partir de ahí se implementan las herramientas más apropiadas y factibles, posteriormente brindamos capacitación sobre dichas herramientas y damos seguimiento para que la información recopilada pueda convertirse en insumos útiles para la toma de decisiones.
Colaborar para proteger mejor
La vigilancia también requiere coordinación. Por eso promovemos el trabajo conjunto entre la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) y otras instituciones con atribuciones ambientales, pesqueras, de vigilancia y de procuración de justicia como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA), la Secretaría de Marina Armada de México y la Fiscalía General de la República (FGR).
Como ejemplo de esta colaboración, para Bahía de Loreto se desarrolló un protocolo de actuación conjunta para establecer qué autoridad debe intervenir ante distintos escenarios y facilitar una respuesta coordinada. La experiencia abre, además, la posibilidad de replicar este mecanismo en otros sitios.
Así construimos una estrategia de protección que combina tecnología, información y conocimiento del territorio. Un radar puede detectar patrones y generar una alerta; una bitácora electrónica puede revelar lo que ocurre en una pesquería; y un recorrido de vigilancia puede aportar información que no aparece en ningún sistema. Pero ninguna herramienta puede proteger por sí sola un territorio.
Son las personas —las autoridades y, sobre todo, las comunidades que conocen, habitan y cuidan estos espacios— quienes dan sentido a la información, toman decisiones y la convierten en acciones concretas para proteger sus recursos y conservar sus territorios.
Proteger los parques nacionales de Bahía de Loreto, Espíritu Santo y Cabo Pulmo es una responsabilidad compartida. Cada herramienta, cada recorrido y cada persona que participa, suma a un mismo objetivo: conservar estos ecosistemas para que continúen sosteniendo la biodiversidad y las actividades de las comunidades que dependen de ellos.
En Pronatura Noroeste seguiremos fortaleciendo alianzas, conocimiento y capacidades locales para cuidar estos espacios. Tú también puedes ser parte: conoce nuestro trabajo, comparte estas historias y contribuye a las acciones que hacen posible conservar los ecosistemas del noroeste de México.