El pasado 28 de septiembre, el Museo Caracol de Ensenada se convirtió en un punto de encuentro para la ciencia, el arte y la conservación marina durante la celebración del Día del Kelp, organizada por la asociación Cuidemos el Océano A.C.
El evento reunió a productores, instituciones, universidades y organizaciones de la sociedad civil con el propósito de sensibilizar a la población sobre la importancia de los bosques de macroalgas (kelp), un ecosistema clave para la salud del océano y la economía regional.
Una de las actividades fue el taller “Arte y vida submarina”, presentado por Pronatura Noroeste en colaboración con el Herbario Ficológico CMMEX de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
En este espacio, niñas, niños y adultos exploraron este maravilloso mundo submarino, conocieron algunas especies de algas que ahí habitan y representaron su belleza a través de collages artísticos, fortaleciendo su vínculo con el entorno marino.
La importancia de los bosques de kelp
Los bosques de kelp, también llamados bosques de sargazo gigante (Macrocystis pyrifera), son “bosques submarinos” que pueden alcanzar hasta 30 metros de altura, extendiéndose desde el fondo hasta la superficie del mar. En México, se distribuyen a lo largo de la costa oeste de la península de Baja California, desde la frontera con Estados Unidos hasta Bahía Asunción, en Baja California Sur.
Estos ecosistemas albergan cerca de mil especies marinas, entre peces, invertebrados, mamíferos y aves, además de capturar grandes cantidades de dióxido de carbono mediante la fotosíntesis, ayudando a mitigar el cambio climático.
El kelp se aprovecha como fuente de alginatos y agar, utilizados en la industria alimentaria y médica, y como alimento rico en fibra, ácidos grasos omega 3 y vitaminas, además, sirve de hábitat para especies de alto valor comercial como el abulón, la langosta espinosa y el erizo rojo, pilares de las pesquerías de Baja California.
Un ecosistema amenazado
Los bosques de macroalgas enfrentan amenazas crecientes debido al cambio climático, las olas de calor marinas, los eventos de El Niño y la pesca irregular, que alteran su equilibrio ecológico. Ante este panorama, Pronatura Noroeste impulsa, junto con cooperativas y actores del sector, un Proyecto de Mejora Pesquera (FIP) para el erizo rojo, orientado a fortalecer el manejo sustentable, la trazabilidad y la restauración, en busca de equilibrar la producción pesquera con la salud de los ecosistemas y el bienestar de las comunidades costeras.