Desde imágenes satelitales y drones hasta modelaje 3D e inteligencia artificial, en Pronatura Noroeste integramos tecnología geoespacial para planear, priorizar y evaluar proyectos de conservación y restauración con mayor precisión
La tecnología se ha convertido en nuestra aliada para la conservación del territorio. A través del Centro Pronatura de Información para la Conservación (CPIC), utilizamos herramientas geoespaciales, imágenes satelitales, drones, radares y análisis de datos para entender mejor los sitios donde trabajamos y tomar decisiones más informadas en cada proyecto.
El CPIC nació a principios de los años 2000, en paralelo con el Programa de Conservación de Tierras. Desde entonces, su función ha sido aportar información geográfica para delimitar, zonificar y planear acciones en campo.
“Pronatura Noroeste, al ver el poder de los sistemas de información geográfica, es que se empieza a posicionar el laboratorio en todos los proyectos”, explica Geovanni Cordero Herrera, coordinador del CPIC.
Con el tiempo, dice, en los últimos años el concepto evolucionó de los Sistemas de Información Geográfica (SIG) hacia un enfoque más amplio de Tecnología de la Información Geográfica (TIG).
“Cuando empezamos a hablar de drones, LiDAR, redes neuronales e inteligencia artificial, ya no era solo SIG, ya se extiende el concepto a Tecnología, ahora hablamos de TIG, señala.
Datos para entender el territorio
Hoy, prácticamente cualquiera de nuestros proyectos tiene un componente geográfico. Desde la conservación marina hasta la educación ambiental, la ubicación y el contexto del sitio permiten conocer qué ecosistemas lo rodean, o qué ha ocurrido históricamente en ese lugar.
“Todo proyecto de conservación de medio ambiente, por más complejo o pequeño que sea, siempre va a tener un factor geográfico: dónde está, con qué comunidades comunica, cerca de qué ANP (Área Natural Protegida) está, cerca de qué humedal está, qué hay a su alrededor’. Todas estas respuestas son las que el CPIC trata de responder”, destaca.
Cordero Herrera subraya que el acceso a imágenes satelitales permiten analizar cambios a lo largo del tiempo y distinguir entre procesos naturales y alteraciones provocadas por actividades humanas.
También permiten identificar ecosistemas a partir de su “firma espectral”, que es el patrón con el que cada tipo de superficie refleja la luz en una imagen satelital. Al comparar esos patrones, es posible identificar vegetación, agua, suelo o construcciones y reconocerlos en distintas épocas para analizar cambios en el territorio.
“Nosotros podemos hacer el análisis histórico, en una Imagen de satélite antigua ‘aquí había manglar’, porque la firma espectral no va a cambiar, siempre va a reflejar en su misma firma. De hecho, hay una biblioteca de firmas espectrales para revisar”, comenta.
Explicó que la USGS Spectral Library reúne mediciones de reflectancia de distintos tipos de cobertura del suelo y materiales, lo que permiten comparar y entender cómo responde cada superficie en diferentes longitudes de onda.
Aunque el CPIC actualmente no cuenta con una biblioteca propia de firmas espectrales, se apoya en referencias externas y en la interpretación de los patrones espectrales observados directamente en las imágenes, según los objetivos de cada estudio.
Decisiones informadas para un mejor uso de los recursos
La información que genera el CPIC tiene un impacto directo en nuestra toma de decisiones. Desde definir rutas de monitoreo en campo hasta evaluar la compra de un predio, los datos permiten optimizar recursos y reducir riesgos.
“Lo que se busca es tener herramientas para eficientizar el uso de los recursos, aunado a que puedes conocer mucho mejor históricamente lo que ha pasado y tomar las decisiones”, comenta nuestro coordinador del CPIC.
En contextos de cambio climático y el aumento del nivel del mar, la tecnología también permite anticipar escenarios.
“Nos han preguntado si un predio que queremos conservar quedará bajo el agua en el futuro. Con modelos y datos podemos responder y justificar si una inversión es viable o si hay que cambiar de estrategia”, relata.
Cordero Herrera agrega que el modelaje en 3D y el uso de drones han jugado roles clave en proyectos como la restauración en el Río Tijuana, donde se generaron modelos tridimensionales para calcular volúmenes de escombro y decidir si financieramente era viable retirarlos.
En otros casos, como los análisis de caudal ecológico en Sinaloa, Nayarit y BCS estos modelos 3D, y los registros históricos de caudales en los ríos, permiten simular inundaciones y entender cómo se comportaría el agua ante distintos escenarios.
Además, en el CPIC también se procesa la información proveniente de los radares del programa de Inspección y Vigilancia. Este proceso parte de los datos crudos generados por los sensores, los cuales son sometidos a distintos procedimientos de corrección y análisis para poder interpretar adecuadamente la información que registra el radar y distinguir los diferentes tipos de superficies, objetos o fenómenos observados.
Retos y futuro de la tecnología en la conservación
Mantenerse actualizado ha sido uno de los principales retos del CPIC. El acceso a software especializado, capacitación constante y nuevas herramientas implica inversión y gestión interna.
Mirando hacia adelante, la minería de datos, el uso de sensores LiDAR (Light Detection and Ranging), cámaras infrarrojas e inteligencia artificial abren nuevas posibilidades para fortalecer el trabajo de conservación y restauración.
La tecnología LiDAR utiliza pulsos de luz láser para medir distancias y generar modelos tridimensionales del terreno. Permite conocer con alta precisión la forma del suelo y la altura de la vegetación, incluso en zonas cubiertas por árboles.
“Ya tenemos acceso al software para manejar este tipo de información y ya nos empieza a llegar. Por ejemplo, para el proyecto del Delta del Río Colorado se hicieron vuelos LiDAR hace más de 10 años, cuando todavía se usaban aviones, y esa información ya la tenemos y la estamos trabajando”, subraya.
En Pronatura Noroeste creemos que la conservación del territorio requiere información sólida, accesible y bien interpretada. La tecnología no sustituye el trabajo en campo, pero lo fortalece y lo hace más eficiente.
La conservación basada en datos permite proteger mejor lo que importa. Conoce nuestros proyectos, comparte esta historia y súmate a las acciones que, desde la tecnología y el territorio, están ayudando a cuidar el noroeste de México.